Andres Corson

Observar pero no juzgar – Andrés Corson

En el libro del Génesis vemos que la serpiente convenció a Adán y Eva de pecar, sin embargo ninguno de los dos asumió su responsabilidad, esa es una tendencia del ser humano (Génesis 3: 1-13). El hombre es tentado a hacer algo que, en su corazón, él ya deseaba hacer.

En vez de reconocer su pecado Adan y Eva le echaron la culpa a otros de su desobediencia.

Pensar que todos, menos nosotros, somos responsables de lo que hacemos es una estrategia de Satanás. El arma más poderosa para derrotar al diablo es la confesión de pecado. Satanás habita en la oscuridad pero cuando reconocernos nuestro pecado lo ponemos en un lugar de luz.

Cuando pecamos somos tentados a:

1. Justificar lo que hemos hecho.

2. Buscar un culpable: culpamos a Satanás, a otros, a Dios.

3. Juzgar: el pecado que cometemos es la consecuencia inevitable de nuestros juicios. Mateo 7:1-2 dice: “No juzguen a nadie, para que nadie los juzgue a ustedes. Porque tal como juzguen se les juzgará, y con la medida que midan a otros, se les medirá a ustedes”.

Sobre el juicio:

a. Podemos observar pero no juzgar, no podemos juzgar sin saber la motivación con que las otras personas actúan.

b. Cuando juzgamos salimos de la gracia, es como cavar nuestra propia tumba.

c. El juicio muestra lo que hay en nuestro corazón. Romanos 2:1: “Por tanto, no tienes excusa tú, quienquiera que seas, cuando juzgas a los demás, pues al juzgar a otros te condenas a ti mismo, ya que practicas las mismas cosas”.

4. El juicio es un bumerán. A menos que nos arrepintamos ese bumerán se va a devolver.

Observar pero no juzgar – Andrés Corson – 31 Agosto 2014

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